Una nueva estrella...Liniers.-

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domingo, 13 de septiembre de 2009

Equipo Grande

Asi lo demostró Vélez Sarsfield, el Campeón Argentino, dentro del campo de juego ante un San Lorenzo que lo visitó en Liniers sin ideas refugiado en su campo. En un partido friccionado y con pocas llegadas, el Fortín tuvo la iniciativa y mereció más que el empate.


Buenos Aires, Sábado 12 de septiembre de 2009.

(Prensa Vélez Sarsfield – Estadio José Amalfitani).

Tenía todo para ser el partido de la fecha. El Campeón Argentino recibía en su casa luego de tres victorias al equipo de Diego Simeone que intentaba sumar de a tres para no perder pisada en la lucha por el campeonato. El marco estaba acorde para una tarde que prometía ser fantástica entre dos equipos que han alimentado una rivalidad atractiva como condimento extra. Sin embargo los arcos quedaron lejos y el intento por llevarse los tres puntos del Fortín quedó trunco por falta de profundidad, alentada por un planteo pobre del rival, no a la altura del encuentro.

Mucho tiene que ver en el desarrollo del juego el unipersonal en esta gran obra del conjunto de casaca blanca con un V azul en el pecho. Una vez más, Vélez mostró los argumentos sólidos de un equipo serio y que intenta mantener lo bueno y lo grande realizado en el primer tramo de este año 2009. Aún con los jugadores seleccionados que regresaron al primer equipo con pocas horas de descanso pero con unas ganas terribles de revertir la imagen dejada con la camiseta de la Selección. Un Vélez que no se conforma con un empate, por eso se va de la cancha con bronca y con el sudor impregnando la camiseta.

Porque de entrada nomás, puso lo que había que poner en cada pelota dividida. Ahí fue cuando Víctor Zapata se hizo bandera del equipo de Ricardo Gareca, ganando en todas y cada una de las pelotas que se dividían con el rival. También se contagió Leandro Somoza que tuvo un muy buen primer tiempo, pero que bajó en rendimiento en el segundo. Ni que hablar de la pareja de centrales, que pusieron en evidencia que el problema está en la conducción del Seleccionado Argentino, en el armado del equipo y no en los rendimientos individuales. Tanto Sebastián Domínguez como Nicolás Otamendi se sintieron a gusto de estar en casa, mimados por una multitud que los ovacionó y apoyó como nunca; para que ellos devuelvan con lo mejor en cada pelota más allá del cansancio. También Emiliano Papa jugó con el corazón, como todo Vélez en un claro reflejo de cómo deben ser y son las cosas en el barrio de Liniers.

Quizás al campeón le faltó el tramo final de cada una de las jugadas que enhebró. También, hay que destacar, que el rival fue poco lo que pasó la mitad de cancha durante todo el encuentro; trópico que se animó a cruzar por obligación recién a pocos minutos del final con la expulsión consumada de Waldo Ponce. Porque ahí estuvo marcada la diferencia entre un equipo y otro. Mientras Vélez iba e iba buscando el arco rival; San Lorenzo se resguardaba y se reflejaba en un Migliore que tardaba una eternidad en cada saque de arco. La grandeza se mide como se juega, y mucho de eso le faltó al Ciclón de Simeone en la tarde del Amalfitani. Sólo se arrimó con faltas cobradas por el árbitro del encuentro. Ay, Pezzotta!, si te hubieses animado a amonestar en la primer pelota a Romagnoli por una falta tan similar a la del chileno. En fin, más de lo mismo con los hombres de negro, hoy de amarillo.

La tarde también marcó el regreso de Nicolás Cabrera a la Primera División. Aún con un poco de temor en cada pelota dividida o en el choque, la fricción que tanto le sobró al encuentro; pero con la rapidez que lo caracteriza intacta. Seguramente con el correr de los minutos y de los partidos volverá a su mejor nivel a ocupar una posición que tanto Vélez necesita.

Gareca hizo todo para ganarlo. Desde el esquema inicial, hasta las variantes; pero sin dudas que la expulsión del chileno no solo alteró el normal desarrollo del juego; sino que también le puso un cierre a las aspiraciones de un equipo que estaba montado totalmente en la ofensiva y tuvo que cubrir espacios defensivos con hombres de ataque, y seguir friccionando.

En el juego del roce Vélez siempre fue más; tanto que sobre el final y desgastado, su emblema Zapata, quedó agotado y allí se comenzó a pensar en el empate como una chance lógica y sin mirarla con malos ojos. En definitiva, la punta no queda tan lejos mucho más cuando la distancia con la meta de este Apertura aún no se vislumbra en el horizonte.

La tarde arrojó un empate. Un punto que suma mucho más desde la entrega y la mentalidad ganadora de un equipo que no se conforma con migajas de un resultado. Esta forma de jugar de Vélez con el empuje de su gente, seguramente lo llevará a ganar mucho más partidos que los que podrá ganar el rival de turno con ese juego mezquino, deslucido y pequeño.

La grandeza se mide también como se juega, se dijo en algún pasaje de este informe. Y es verdad. De más está decir lo gigante que fue Vélez ante un rival tan pequeño.

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